
En esta obra, el verde no se aplica, es la química de un largo acuerdo entre los metales y el aire, el mismo verde que crece, año tras año, sobre la cúpula de una iglesia. Los rojos restantes no son residuo. Son tensión.
La obra que cierra Lavra. Monte Verde toma su color de la exposición más larga de la serie, el cobre llevado más allá del verde hasta el registro del bronce envejecido. Mario deja que los metales y el aire resuelvan su largo acuerdo, y entonces se detiene. Lo que se lee como calma se sostiene por los rojos debajo.
El tiempo es el último material que entra en la obra. Sin él, nada existe.